Lejos de enfriarse con el paso del tiempo, la tensión en torno a las actuaciones policiales por los incumplimientos de las medidas anti-covid se ha convertido en una constante. Desde hace ya bastante tiempo, no hay semana en la que no se informe de algún altercado en las calles o de agresiones a los policías que acuden a disolver un botellón. Sólo este fin de semana, por ejemplo, se han producido más de 50 denuncias en Euskadi por participar en fiestas ilegales. En dos casos, además, estas actuaciones acabaron con golpes a los ertzainas: el viernes en la localidad alavesa de Legutiano -donde un grupo de jóvenes se abalanzó sobre dos agentes para tratar de evitar una detención- y en la madrugada de ayer en Bilbao.
En este último caso, fue un vecino el que llamó a los agentes alertando de que en una lonja del barrio de Santutxu se escuchaba música y gente gritando. Los policías se encontraron a cinco jóvenes bebiendo alcohol. Les pusieron una multa a cada uno. Pero, según informó el Departamento vasco de Seguridad, una de las participantes -una chica de 21 años- se negó a identificarse y a ponerse la mascarilla cuando se lo pidieron los funcionarios. Después les insultó. Los agentes la detuvieron acusada de un delito de desobediencia grave. Unos cargos a los que sumaron «agresión a agente de la autoridad» después de que golpease a uno de los policías.
La Ertzaintza también intervino en otras fiestas en San Sebastián y Durango, entre otras localidades, pero en estos casos no se produjeron agresiones. En una casa del barrio de Loiola-Zorroaga de la capital guipuzcoana, los agentes descubrieron de fiesta a 17 personas, de nacionalidad francesa y portuguesa. Estos jóvenes fueron denunciados por venir a Euskadi por ocio y por estar más de cuatro personas reunidas. Uno de ellos, además, fue arrestado después de comprobar que sobre él pesaba una orden de detención de un juzgado de Cartagena.
«Fatiga pandémica»
¿Qué está ocurriendo para que este tipo de incidentes se esté convirtiendo en algo habitual? Algunos expertos consideran que la «fatiga pandémica» está pasando especial factura a los jóvenes. Y en los episodios más graves se detecta, sobre todo, rechazo a los policías.
Los ertzainas no ocultan su preocupación por el «hecho de que se estén normalizando» las agresiones en los operativos y piden más «contundencia» a los poderes públicos a la hora de defender a la Policía vasca. Iñaki Uraga, delegado del sindicato Esan, insiste en que es necesario una «aplicación exhaustiva de la ley» para poner fin a las «constantes agresiones» que sufren los policías. Muchos atentados a la autoridad -afirma- les salen «gratis» a sus autores y los ertzainas no se sienten «arropados» en sus actuaciones. «Quienes nos agreden, insultan y amenazan van a tener siempre enfrente a Esan», remarca.